«Pasan los años, pasan los gobiernos, los radicales y los peronistas, pasan veranos, pasan inviernos, quedan los artistas».

Esta frase de Enrique Pinti, del espectáculo Salsa Criolla,  hacía referencia a la historia política argentina, desde la dictadura, que con sus listas negras obligó al exilio a muchos actores y actrices (persecuciones, censura y listas negras) y alcanza a los primeros años de la democracia. Las alternancias de gobierno, entre un partido u otro, que significaron  un péndulo  en el bipartidismo de entonces, al que a pesar de las sucesivas crisis,  los artistas, la cultura, la búsqueda de lo que nos encuentra, ese pasado común de costumbres y  valores sobrevivía y daba testimonio como red de unidad.

Pero pasan los gobiernos y además de tipos como Pinti, también están los “Juan Acosta”.

Juan Acosta es un actor humorista que probablemente no sea fácil recordar por su trabajo ( o quizás esta cronista no era su target de espectadores), pero si se lo conoce por sus posiciones políticas en las redes sociales,  durante los últimos años. Lejos de dar cuenta de sus ideas, o participar en un debate democrático dando a conocer su posición o defender sus ideales, se mueve como un provocador violento, pero ya ni siquiera por  los valores de la derecha ilustrada, sino regodeado en la vulgaridad y presumiendo del lado mediocre del “sentido común”.

En el afán de entrenar en estas habilidades se metió en un hilo de twitt de Cristina Castro, la mamá de Facundo Astudillo que reclama justicia por su hijo. La confundió con Cristina K -por llamarse “Cristina” y empezó con su vociferante cantinela. Quedó mal parado por burlarse de la “Cristina” equivocada. El quería putear en su obsesión, a la Cristina K, pero ni siquiera leyó de que venía la conversación en twitter, y disparó autómata.

Por eso esta crónica.

Porque al mostrar la personalidad ansiosa de Acosta queda claro que se mueve por un sesgo, sin reflexión y en una burbuja,  usando las  redes para aportar su granito de «a pudrirla como sea»….Eso es justo  lo que generó el neoliberalismo en gran parte de la sociedad.

Se puede estar a favor o en contra de la derecha, de su mirada a favor del libre mercado para las ganancias y a favor del mercado regulado para evitar la competencia; se puede discutir sobre el rol de estado, más flaco o gordo. También hay toda una biblioteca prestigiosa que defiende la meritocracia. O Sobre los impuestos excesivos, si desalientan la producción o aumentan la igualdad.

Pero el problema es cuando enfrente ya no está la derecha tradicional,  formada, comprometida en determinado proyecto de país, con la que te podes pelear desde las ideas, datos, y confrontando resultados de una u otra elección, y hasta con una evaluación comparativa que comprueba que tanto las derechas como las izquierdas en varias ocasiones han abusado cuando estuvieron en posiciones dominantes.

No, esta vez el problema es otro.  Enfrente están los Juan Acosta,  los del “sentido común”. Pero no  el sentido común de no enredarse, sino el sentido de exacerbar lo irracional e instintivo del ser humano. Esa charla fácil que te lleva a generalidades abstractas y que hacen al humor de «salón» para invisibilizar cuestiones de violencia, discriminación, falta de empatía.

Esos que cuando ven algún gesto afeminado en un tipo, le dicen «puto», esos que hablan de las mujeres que defienden algo como las «mal cogidas» o las «feminazis»., los que se refieren a los “planeros” respecto de quienes reciben una tarjeta para comprar alimentos o una asistencia de 10.000 pesos cada dos meses, y los tratan como vividores del estado.

Los que, en lugar de criticar al kirchnerismo, por varios asuntos que todavía hoy no puede explicar, critican a Cristina Kirchner por “yegua”. Pero miran para otro lado frente a la corrupción macrista, su desgobierno y su claudicación frente a la pobreza, la lucha contra el narcotráfico y la transparencia. . Caracterizados por el odio al feminismo, la defensa por las dos vidas y a tiro de cuanto cacerolazo o marcha anticuarentena aparezca.  Son los que se suman en la defensa  por Vicentin que arruinó a miles de pequeños emprendedores, pymes y hasta al Banco Nación.

Para no seguir amargándonos con los Juanes Acosta, y la defensa de los lugares comunes de la idiosincrasia argentina,  mejor les paso un fragmento del reportaje que le hizo Clarín a Enrique Pinti, luchador antigrieta, demócrata y gran actor.

-La pandemia parece ser un gran identificador de miserabilidad, solidaridad, ego y altruismo. ¿Lo cree así?

-​Sin duda una pandemia saca lo mejor y lo peor del mundo. El tipo que se cree libre y no mira al resto, se brota, golpea al otro, como el caso de Vicente López, y saca a relucir el odio clasista: considera al vigilador que le pide que respete la cuarentena un negro de mierda. «¿Qué puede venir a decirme este a mí?». Y del otro lado de la moneda, vemos el altruismo del personal sanitario y vemos que salvar vidas no se paga, que educar no se paga como se debe.

 -¿El después de esta pesadilla nos plantea otro paradigma? ¿El post-capitalismo?

-Lo terrible del capitalismo es​ esa idea de que lo que no produce dinero no sirve y ese concepto de que «el que se enferma, que se joda». Necesitamos catástrofes para tomar conciencia de que estamos retrasados como seres humanos. La salud debe ser la prioridad en el mundo, no puede hacerse de un ministerio una secretaría. Es un disparate lo que se hizo en el anterior gobierno. Cuando se relega la salud en nombre de la producción ya no estamos ante una ideología política, estamos ante una postura humana.

 -¿Cómo ve las medidas que está llevando adelante el Presidente Alberto Fernández en medio de esta emergencia?

-Es la persona adecuada, tranquila, discreto en su lenguaje y prudente. Eso es importante en una crisis como esta. Que ponga a su lado a Horacio Rodríguez Larreta y del otro a Axel Kicillof, lo que debería ser una regla normal, termina siendo una actitud excepcional que valoro mucho.

 

Foto Diario Clarín

repo a Pinti: https://www.clarin.com/espectaculos/teatro/enrique-pinti-mundo-va-volver-mismo_0_9KXgFLCZ0.html

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