«En el estadio actual de la humanidad no hay capitalismo ni ninguna otra modalidad organizativa que funcione sin un Estado de calidad”. 

“Una Argentina armónica” es un documento elaborado por Gustavo Grobocopatel, Fernando Chino Navarro y Enrique Palmeyro.

​Gustavo Grobocopatel . Es uno de los empresarios más grandes de la Argentina. Preside el grupo agroindustrial Los Grobo. Estuvo por varios años enredado en «la grieta» como muchxs argentinxs.  Pero ahora, tras la crisis sanitaria y económica por la pandemia mundial, junto Fernando Chino Navarro y Enrique Palmeyro se animó a romper con esa dinámica de enfrentamiento y propone una mirada diferente, colectiva y a largo plazo; una cultura del encuentro.

Este documento puede ser un aporte muy interesante para avanzar en el debate hacia una sociedad con desarrollo y de acuerdos respecto del funcionamiento del estado y la economía, con el fin de lograr mayor inclusión con planificación y objetivos compartidos. En línea con un conjunto de iniciativas que intentan abrirse paso frente al abuso del sistema (que cada vez deja más gente afuera y ni siquiera resulta exitosa para la mayoría),  impulsado por muchos líderes e intelectuales a nivel mundial como Sanders y Ocasio Cortez con el Green New Deal, por ejemplo.

El documento «Una Argentina Armónica»:

Estamos experimentando inesperadas vivencias. La sociedad a nivel mundial ya venía con un fuerte ritmo de transformaciones, fruto de la convergencia de tecnologías y sus impactos en la sociedad, la economía y la cultura. Esta incertidumbre genera en muchos temor y pesimismo. Se suma la actual pandemia que acelera todo, vivimos la exponencialidad en carne propia y todo es posible en un breve tiempo.

«Frente a ese escenario creemos que es posible pensar y construir una “cultura del encuentro”. Requiere recorrer senderos poco o mal transitados: acuerdos políticos profundos, flexibilidad, audacia y prudencia, dejar de lado los prejuicios y reconstruir un “Nosotros”.

En los últimos siglos se han desarrollado en el mundo diversas formas de organización de la sociedad, si bien los resultados son diversos, ninguno pudo compatibilizar adecuadamente el progreso individual con el colectivo. Y tal vez el rostro más triste de este fracaso sea el de comunidades enteras, millones de personas, en su mayoría niños, que no tienen lo necesario para desarrollar libremente su proyecto de vida, ni siquiera una alimentación nutritiva.

Si bien la pandemia acelera los procesos preexistentes, los impactos del actual proceso serán heterogéneos, diferentes según las geografías y la temporalidad, con bifurcaciones.

¿Qué hacer para que la esperanza nos inspire y sea un camino de plenitud personal y comunitaria?.

Para Argentina puede ser la oportunidad de dar vuelta la hoja a décadas de crecimiento de la pobreza y exclusión o puede significar un aceleramiento de ese mismo proceso.

Hasta hoy predomina en el mundo un capitalismo, que si bien trajo beneficios, dejó enormes pasivos, pero no hay que tomarlo como algo inmodificable. El ser humano se ha organizado de diversos modos a lo largo de la historia. Podemos reorientarnos hacia modalidades organizativas que pongan las necesidades humanas en el centro, al mismo tiempo que incentivan el esfuerzo, el despliegue del sentido de la vida, de manera acorde con cada cultura. Que cada uno sea protagonista de la propia vida en el seno de una comunidad, pasar de meros consumidores acríticos a artífices de la propia vida.

En el estadio actual de la humanidad no hay capitalismo ni ninguna otra modalidad organizativa que funcione sin un Estado de calidad. Muchas veces confundimos tamaño con calidad y eso lleva a equivocarnos. La actual crisis nos muestra la importancia del Estado que debería sostener bienes públicos: la salud, la educación, la seguridad, y facilitar el crecimiento armónico para la creación de trabajo, el acceso a la alimentación y la vivienda. Observamos que, pese a los enormes esfuerzos de toda la sociedad, no lo hemos podido lograr. Todas las organizaciones, deberán tener una agenda diferente en los tiempos que vienen y repensarse a partir de las oportunidades que dan la tecnología y las transformaciones culturales. Sea cual sea la evaluación del capitalismo, hay que incentivar la competencia, una mayor participación de los usuarios y, por supuesto, un Estado inteligente para poner límites a los monopolios.

Debemos incentivar que el sistema funcione aceitadamente. Esta nueva modalidad de organización (sea que se denomine “capitalismo”, “sustentabilismo” o de otro modo) requiere de renovados liderazgos y organizaciones transparentes, orientadas a satisfacer sus múltiples grupos de interés – clientes, proveedores, talentos, inversores, sociedad-, dispuestas a crear bienes públicos e interactuar con el sector publico construyendo una sociedad del siglo XXI.

La sublimación de la relación publico/ privado está en esa búsqueda colectiva. El modo de organización de la producción y los servicios que surja requiere a trabajadores, con vocación de emprendedores, con el entusiasmo que los convierte en protagonistas comprometidos, dispuestos a aprender y transformarse.

Debemos ser capaces de organizar una economía verde, circular, que viva integrada a la naturaleza, dialogando con ella, interpretando sus leyes.

Mirando específicamente a nuestra querida Argentina, está claro que necesitamos crecer sostenidamente. Tenemos desde hace décadas problemas estructurales que no nos permiten crear riqueza, y en esto, tristemente, somos una de las pocas excepciones globales. Algunos dirán que se debe a los excesivos impuestos no permiten reinvertir, otros que son victimas de los shocks permanente, o se atribuya el problema a la falta de seguridad jurídica que llevó a los que tienen la posibilidad de ahorrar a poner el equivalente a un PBI fuera del país, o a los sistemas globales de comercio que ponen barreras a nuestros productos y a otras calamidades.

Seguramente hay un poco de todo en esto, pero el resultado puede resumirse como una “falta de eficiencia” que impacta en el logro de los objetivos comunitarios y personales. Hay que ponerse a caminar en esta agenda. El largo plazo es urgente.

Con apertura, sinceridad y compromiso hay que conversar sobre como recrear un modo de financiación del sector productivo.

Sobre las reformas educativas que nos coloquen en sintonía con todo lo bueno que la humanidad ha podido lograr en el siglo XXI, tiempos donde se aprende toda la vida y en los que el conocimiento, que debemos poder incorporar con capacidad crítica, fluye dominando las distancias.

Sin duda se requiere también una reforma del Estado para ponerlo al servicio de la transformación que necesitamos, integrando los esfuerzos, facilitando el desarrollo de capacidades en las personas, facilitando el flujo de bienes, servicios y conocimientos. Poder integrarnos al mundo donde están nuestros clientes y proveedores, una integración inteligente, sin prejuicios ni ataduras, que de prioridad a los intereses de las mayorías y que asegure que nadie quede excluido.

La agenda del corto plazo, con recesión, inflación, falta de financiamiento y de competitividad, debe aprovechar las ventanas de oportunidades que tenemos, con creatividad, flexibilidad y sentido de urgencia.

Las hay en la agroindustria. El PEA2020 indica que se pueden exportar US$ 30.000 millones por año más con el crecimiento de la agricultura, su transformación en productos industriales y las economías regionales. El PBI podría incrementarse un 100% en 10 años generando masiva creación de trabajo en el ecosistema con una regulación inteligente.

En la economía del conocimiento, donde se ha creado trabajo allí donde no había – pasó de 69.000 a 101.000 en 10 años – y podría hacerlo muchísimo mas rápidamente en los tiempos que vienen. Argentina tiene una oportunidad única gracias a la calidad de sus talentos. Hoy estas empresas son transversales a todos los sectores de la economía y sustanciales para que todo el ecosistema empresario sea sustentable en tiempos de globalización. Se incluye aquí a no solo empresas del mundo digital, también las biotecnológicas, las basadas en nanotecnología, la física, la química o la electrónica, entre otras.

Una atención especial amerita la agricultura familiar. Un país que integre lo debe hacer desde sus múltiples geografías, culturas, saberes y expectativas. En este sector, que incluye a varios colectivos, cientos de miles de personas podrían integrarse con la utilización de las nuevas tecnologías, los mercados de cercanías, el procesamiento de sus productos y su renovado vínculo con consumidores.

Varias industrias que Argentina desarrolló integran a muchísimas personas y ahora deben transformarse para el mundo que viene, lleno de oportunidades para las empresas y organizaciones que se adapten con inteligencia, innovación y espíritu cooperativo.

El crecimiento no se sostiene si no fortalecemos 3 patas: la exportación, la satisfacción de las necesidades internas y la inversión. Ya hemos probado suficiente tratando de sostener una sola por vez. Es hora que aprendamos del pasado y generemos respuestas equilibradas, sin dogmatismos ni ceguera.

Podemos aprender de casos exitosos que generaron mejoras para el conjunto de la población. ¿Por qué no explorar el proceso de “Zonas de libre comercio de Deng”? Quizás debemos permitir que las cosas ocurran. ¿Y por qué no evaluar a fondo las propuestas que realiza Enrique Martínez en su libro “Ocupándonos”?. Es posible, por ejemplo, que los propios ciudadanos fuertemente involucrados generen mejores servicios públicos. Avanzar en la atención de las necesidades cuya falta de atención es más notoria, construyendo círculos de ciudadanos responsables de su solución, con recursos y supervisión estatal, iniciando así́ un proceso de reversión de una cultura de mercantilización del espacio común.

Poner el foco en el modo más eficiente de generar los productos o servicios que necesitamos. Entendiendo eficiencia en sentido amplio, es decir, poniendo en la ecuación “insumo-producto” todas las dimensiones involucradas incluyendo las ambientales y sociales.

Esta reflexión compartida está impulsada fundamentalmente por la intención de superar la marginación de tantas personas y comunidades. Estos tiempos inéditos nos desafían a caminar juntos por sendas desconocidas, con nuevos compañeros.

Por tal motivo también nos planteamos juntos si la economía popular y su permanente evolución puede ser un factor decisivo para la transformación que anhelamos: Una Argentina armónica construida por el crecimiento, la solidaridad y el bien

Laura Echezarreta

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