“No hay un derecho a la acumulación de riqueza sin límite. La sociedad puede poner límites -un techo social- y eso implica super impuestos para los muy ricos”

Marcelo Alegre es Abogado graduado en la Universidad de Buenos Aires,  Doctor en Ciencias Jurídicas por la Universidad  New York. Es profesor titular de Filosofía del Derecho en la UBA, donde dirige el Instituto de Investigaciones Jurídicas y Sociales «Ambrosio Gioja». Está casado con Paola Bergallo, Doctora en Derecho, profesora en la Universidad Di Tella y feminista. Juntos tienen a Iván de 14 años que cursa el secundario en el Nacional Buenos Aires.

Pero antes de ser todo esto, bastante tiempo atrás, Marcelo Alegre fue militante radical y referente de much@s jóvenes de entonces, entre los que estaba la cronista que escribe este perfil. Cuando tenía 23 o 24 años lideró un espacio que se llamó Nueva Generación.  Se armó con los grupos de juventud que lo apoyaban para ser presidente de la Juventud radical en la Capital en el año 89, hacia finales del gobierno de Alfonsín. Y luego, al año siguiente, el grupo se constituyó como una línea interna juvenil.

Los orígenes

Marcelo nace en una familia de profesionales con fuerte impronta política. La mamá se llama Beatriz Farina (87) es Ingeniera Civil, estudió en la UBA en los ´50. Conoció a José Alegre en la Universidad. Ambos eran dirigentes reformistas. José fue presidente del centro de estudiantes y Beatriz la tesorera cuando en el año 53 se organizó una gran huelga estudiantil en contra de Perón. Lo que le costó que la echaran de la Universidad por “peligrosa dirigente antiperonista”, como se caratuló el sumario correspondiente. Hasta el día de hoy, se enorgullece de ese título más que de los otros formales de Ingeniera Civil. Tuvieron 5 hijos, varones todos. Pero José falleció de cáncer de pulmón cuando Marcelo tenía un mes. Años después Beatriz se volvió a casar con Alfonso Durán, que en 2020 cumplirá 70 años de abogado tras recibirse a los cortos 16 años en la Universidad del Litoral.

¿Que fue la Nueva Generación? (una agrupación dentro de la UCR que actuó desde el final del gobierno de Alfonsín hasta mediados los 90)

Era un grupo muy alfonsinista en una época muy difícil porque los últimos meses del gobierno de Alfonsín fueron muy duros y los primeros años en la oposición también. Tratábamos de construir ámbitos de autonomía para la juventud. Los jóvenes estuvieron siempre muy ligados a las dinámicas de los mayores. No sé si lo logramos, tiempo después surgieron muchas divisiones, apareció el liderazgo de De La Rúa y eso generó un nuevo reagrupamiento, mientras los sectores alfonsinistas quedaron más divididos. Algunos más ortodoxos y otros más críticos.

Alegre la recuerda como muy linda experiencia de jóvenes dándose su propia dinámica, que hacían hincapié en la discusión política, mucha actividad en la calle, intentos de comunicar de manera distinta las propuestas de la juventud. Hasta una estética distinta, colores diferentes, usábamos el verde que fue innovador en esa época. Y fue un puntal de trabajo en la oposición al gobierno de Menem, desde lo territorial. Otro puntal de la lucha contra el menemismo fue la Franja Morada. Había muchos dirigentes de la Franja en la Nueva Generación, que se volcaron a los barrios.

La Nueva Generación fue una experiencia que habrá durado 5 años. Para cuando Alegre se fue a Estados Unidos en el año 97 ya no existía. “Fuimos creciendo y la gente terminó en distintos lugares: con Fredy (Storani), Jesús (Rodriguez), De La Rúa (Fernado).

“En esa época soñábamos con generar cuadros de recambio en el Alfonsinismo. Estábamos conformados por jóvenes de entre 18 y 30 años. Teníamos una gran estructura de mucha militancia. Había como 15 comités radicales por parroquia (barrio). Muchos jóvenes. Aunque con el tiempo todo eso se empezaría a desinflar. De hecho, creo que en algún momento quedó como desfasada la Nueva Generación por el cambio de época.  Se impusieron otras dinámicas. El delarruismo se fue volviendo muy fuerte en la Capital Federal”.

Y recuerda que “lo más novedoso que tuvo la Nueva Generación fue su contacto con Rodolfo Terragno. había un grupo muy cercano a él dentro del espacio y realmente era lo más moderno que había en los 90. Terragno llegó a ser presidente del partido y fue el autor intelectual de la propuesta de lo que fue la Alianza que permitió derrotar a Menem pero nunca terminó de consolidarse como dirigente partidario. En 1995 fue candidato a vicepresidente de Fredy Storani, luego en el 2003 lo enfrentó a Moreau. Yo siempre fui Alfonsinista pero me sentía cercano a Terragno. Sigo creyendo que es uno de los tipos más lúcidos que tiene el sistema político y que los radicales lo hemos desaprovechado”.

¿Y cómo fue tu alejamiento de la política?

Lo que pasa es que cuando De La Rúa fue elegido Jefe de Gobierno en la Ciudad, y luego candidato a presidente y yo me fui corriendo porque nunca me sentí identificado.

Muchos otros de la Nueva Generación de otros sectores alfonsinistas se integraron bien pero no fue mi caso. Toda la experiencia de gobierno de la Alianza me fue ajena. Y ya desde el siglo XXI me dediqué por completo a la vida académica.

Fui directivo de la Escuela de Derecho de la Universidad de Palermo. Y desde el 2010 estoy en la Facultad de Derecho de la UBA. Me convocó la decana Mónica Pinto que estuvo hasta el año pasado. Luego concursé para dirigir el Instituto de investigaciones de la Facultad, donde actualmente estoy.

¿Cuál es tu mirada sobre el perfil de los dirigentes políticos de aquel momento y los de ahora? Especialmente de los dirigentes radicales, ¿por qué crees que no terminó de haber un recambio generacional profundo?

Creo que los jóvenes que irrumpen en el poder con Alfonsín en 1983: Nosiglia, Storani, Changui Cáceres, Jesús Rodríguez, Stubrin, etc tenían una gran ventaja, llegaban con la experiencia haber luchado contra una o dos dictaduras. Tenían una preparación política que hacía y hace que no fuera fácil reemplazarlos. Eso marca mucho, son dirigentes que establecieron una autoridad muy fuerte, que además reorganizaron la juventud y el partido, tenían la confianza de Alfonsín. Eran y siguen siendo muy sólidos. No resulta tan natural el cambio generacional.

«Nos faltó, a los jóvenes de entonces, el coraje político para dar un paso al frente»

Y por nuestra parte tal vez nos faltó, a los jóvenes de entonces, el coraje político para dar un paso al frente. La nuestra es una generación bastante sometida a la autoridad de los que fueron nuestros mayores. Y eso no se rompió. Pero igual van surgiendo dirigentes como Corral (José), Pablo Javkin y otros, muchos provenientes de la militancia universitaria, contra todas las barreras conservadoras que tiene la UCR. Creo que al radicalismo le hace falta rejuvenecer un poco y abrirse más al movimiento de mujeres.

Hay temas en los que frecuentemente me consultan y si son de aquellos que estudié e investigué acá en la facultad con equipos de investigación, trato de aportar.

Por ejemplo con Roberto Gargarella estuvimos en la Corte Suprema argumentando en contra de la ley que sacó el gobernador Urutbey que permitía la educación religiosa en las escuelas. La Corte finalmente la declaró inconstitucional. Nosotros estuvimos allí e hicimos nuestro aporte.

Lo mismo respecto de la legalización del aborto. Venía trabajando el tema desde la “Objeción de Conciencia”. Es un problema muy grave porque en nuestro país, la principal barrera para el acceso a la práctica del aborto, incluso los que están permitidos, son los médicos que no quieren hacer abortos. Suele suceder que en algunos hospitales es el jefe del servicio el que impone a todo el equipo no llevar adelante abortos y esto pone en riesgo la vida de las mujeres que muchas veces recurren al aborto por cuestiones médicas. Cuando me invitaron a ir a Diputados y al Senado para exponer en el marco del debate de la ley de despenalización, fui a plantear algunas cuestiones jurídicas.

¿Cuándo vas a la Cámara de Diputados, como jurista, pensas qué hubiese pasado si seguías la carrera política, ¿te hubiese gustado ser diputado?

No está latente en mí el costado político, no me veo. Pero si pienso en eso porque mis recuerdos de la política son muy lindos. Siempre que voy al Congreso lo hago con mucho respeto ciudadano, porque es el palacio de la democracia. A veces quizás pienso que hubiera sido lindo seguir la carrera política pero la verdad es que descubrí que en la política hay que tener un estómago que yo no tengo. Hay muchos ataques personales, y es necesario una piel más dura que la mía. Además, en algún momento sentí que por la militancia había dejado de estudiar, que me estaba embruteciendo y entonces sin perder mis convicciones políticas me pareció que mi aporte debía pasar por lo académico. Aportar desde escribir cosas, dar charlas, escribir textos y propuestas, pero no luchar por el poder político. Esa fue un poco la decisión

Me acuerdo que en una reunión de la Nueva Generación estábamos leyendo un documento, y los terragnistas decían que usábamos un lenguaje antiguo. Y era real, en muchos aspectos atrasábamos, había toda una revolución que estaba ocurriendo en ese momento en el mundo, alrededor de la tecnología y lo digital que todavía no tomábamos real dimensión.

Nosotros seguíamos hablando muy en términos de los 70 y estaban pasado muchas cosas, se había caído el muro de Berlín, y nos faltó profundizar. Focalizábamos en la oposición a Menem pero nos faltó eso. Bueno al final solo era una agrupación juvenil, tampoco se podía pedir tanto más. (sobre el final de la frase sonríe)

(Marcelo Alegre es un hombre tranquilo, reflexivo y humilde. Casi dan ganas de sacudirlo para ver si realmente es tan equilibrado y pacífico. Pero no hay forma. Aún con su gran trayectoria política y académica, nunca cruza la calle para pasarse a  la vereda de la soberbia o  argumentar como gran estadista, por el contrario. Su espíritu de profesor, su corazón de militante y su amor por cada lugar en el que estuvo se siente clara y tangiblemente en todas sus palabras pero más cuando describe su relación con Alfonsín)

«Me acuerdo de un acto en el que hablé, había mucha gente y estaba Alfonsín. Y solo podía pensar en que yo estaba hablando y que él me estaba escuchando. Era el momento en que se estaba armando el MODESO. Para mi ese día fue tocar el cielo con las manos».

Alfonsín siempre fue tu gran referente ¿qué reflexión te trae su figura con relación a tu experiencia cuando te tocó liderar Nueva Generación?

Me acuerdo de un acto en el que hablé, había mucha gente y estaba Alfonsín. Y solo podía pensar en que yo estaba hablando y que él me estaba escuchando. Era el momento en que se estaba armando el MODESO. Para mi ese día fue tocar el cielo con las manos.

Después del 89 fue el momento de mayor impopularidad de Alfonsín, entonces lo teníamos para nosotros solos. Lo íbamos a ver todas las semanas. Él tenía tiempo y recorría los comités, me acuerdo que hacía reuniones de no más de 4 o 5 personas que iban a escucharlo. Ahí fue cuando más me acerqué y hasta tuve la oportunidad de escribir algunos contenidos para el programa que él tenía. Era un programa diario de cinco minutos en Radio Rivadavía y se llamaba Conversaciones con un ex presidente.  Y un día me pasó de escuchar que Alfonsín por la radio hablaba sobre algo que yo había preparado.

¿Cuál es tu relación con Carlos Nino?

Fui estudiante de Carlos Nino, y trabajé muchos años en su cátedra en la UBA. Durante el gobierno de Alfosnín trabajaba con él que era asesor presidencial y coordinaba el Consejo para la Consolidación de la Democracia. Entonces durante la noche yo militaba pero de día tenía la intensa experiencia de trabajar en el Consejo sobre la reforma constitucional, el traslado de la Capital, la ley de radiodifusión, etc, fue realmente fantástico. En ocasiones venía Alfonsín cuando se terminaba algún trabajo y ahí nos sacábamos alguna foto. Pero siempre para mi fue una relación de distancia reverencial con el “presidente”.

Después del 89 cambió y yo iba cada tanto a la casa de Alfonsín. Charlábamos mucho, por ejemplo con Roberto Gargarella. Alfonsín lo quería mucho. Durante la reforma constitucional del 94, Alfonsín fue constituyente y el gran protagonista. Ahí yo estaba trabajando con Jesús Rodríguez, que era constituyente por la Capital. Pero participaba de algunas de las reuniones con Alfonsín, estaban también Carlos Rosenkrantz, Zbar, Marcela Rodriguez. Alfonsín era uno de los pocos que se quedaba en Santa fe también los fines de semana. Así que lo teníamos para nosotros solos, me acuerdo de haber jugado al ping pong con él en la casa de Changui Cáseres algún sábado o domingo. Del 89 al 95 fue el período que más cerca estuve de él. Luego ya me fui de viaje.

Te fuiste a estudiar a Estados Unidos, un cambio de vida rotundo

Me fui a estudiar afuera. Había ido cuatro años a un colegio irlandés en la primaria pero no alcanzó, la Secundaria en el Nacional 10 San Martín no tenía muy buen inglés, y tuve que reaprender el idioma inglés para poder manejarme. Carlos Nino nos forzaba a todos a ir a estudiar afuera. No quise hacerlo antes porque estaba muy metido en la actividad política.

Siempre le reconozco a Rosenkrantz que él se fue en el 84 y estuvo hasta el 89 estudiando afuera. Podría haber ocupado cargos muy importantes acá, en ese período, pero eligió formarse.  Todos teníamos incorporado que debían irnos a estudiar afuera un tiempo. Hice el posgrado en la Universidad de N.York. Vivía en un campus urbano ubicado en Greenwich Village. Fue la única vez que pude estudiar full time. Es una experiencia que le recomiendo a todos los que tengan interés en desarrollar una vida académica. Me tocó estudiar con un grupo de filósofos que yo venía admirando mucho sobre todo Ronald Dworkin y Thomas Nagel

En ese momento, esa universidad quizás era el lugar más fuerte del mundo en filosofía. También tuve la suerte de estudiar con una gran profesora feminista, Caroll Gilligan en el 98. Fui de los primeros docentes que trajo material sobre feminismo a la UBA.

Desarrollaste una gran carrera en lo académico ¿y lo político, donde quedó? Desapareció para siempre?

Creo que hoy puedo hacer un aporte desde este lugar, me siento más seguro hablando de lo que sé. Además, si bien tengo un recuerdo muy lindo de la militancia, sin haber ocupado un cargo legislativo, lo que ocurrió es que en algún momento sentí que me estaba quedando profesionalmente. En el ´88 Nino había hablado con Sartori para que yo me fuera con él a Columbia, también habló con mis viejos para que me animaran. Pero yo no quise. La política en ese momento ocupaba mi atención. Así que lo hice años después. Nino murió en el año ´93 y fue un golpe muy duro. Muchos en su grupo nos quedamos como huérfanos. Saldé esa deuda cuando me fui en el ´98. Me costó mucho. Por suerte hay préstamos a 20 años, que me facilitaron un poco el esfuerzo. Luego de terminar la maestría conseguí una beca total para hacer el doctorado. Me quedé un par de años más. Escribí la tesis sobre igualdad. Planteaba una defensa del liberalismo igualitario y responde a las críticas más importantes que se han hecho a la idea de igualdad. Por ejemplo que la igualdad es el principio de los envidiosos, o que es incompatible con la libertad o que busca hacernos a todos pobres nivelando para abajo.

La tesis avanzaba en lo que creo que sigue teniendo vigencia, la sociedad tiene derecho a poner impuestos muy altos contra las grandes fortunas, poner un techo social. Hoy eso está muy actual cuando ves los hipermillonarios, me refiero a ricos más allá de lo conocido. Pensa que los 500 tipos más ricos acumulan más riqueza que el 40% más pobre. Es algo que se salió de control. Lo que defendía en la tesis era que no hay un derecho a una acumulación de riqueza sin límite. La sociedad puede poner límites y eso implica super impuestos para los muy ricos. La tesis la publicó la editorial Fontamara de México. “Igualdad, derecho y política”

Que pensas de las resistencias y crisis que hay hoy en América Latina, la salida de Evo, ¿lo que ocurrió en Chile?

Soy un crítico del presidencialismo latinoamericano. Creo que hay dos elementos que cuando se juntan son una mezcla explosiva: el presidencialismo – está muy desbalanceado el poder que tienen los presidentes y el populismo que es una forma de ver la política que hace mucho hincapié en un líder y la descalificación del adversario. Ese líder expresa la voluntad del pueblo que es una sola, no admite divisiones. Por tanto no admite división de poder ni controles. Entonces esa idea autoritaria del poder junto con las instituciones del presidencialismo son una combinación explosiva en términos de quitar controles, limitar el respeto por la prensa, por la independencia del poder judicial y degradar la democracia.

Conversación sobre lo que soñábamos ser, lo que finalmente quisimos y pudimos ser y lo que todavía nos falta por hacer. Laura Echezarreta

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